
REFLEXIONES PARA UN LÍDER INDIFERENTE
Cuando trabajé en Medio Oriente, la compañía de la cual formé parte atravesó una crisis por múltiples temas entre el personal y tomé la iniciativa de escribir una carta al encargado de la compañía, la cual contenía algunos de los puntos expuestos en este artículo. Aprendí parte de ello en seminarios, libros y también a partir de experiencias personales, y espero de corazón que sea benéfico para tu vida.
A más de quince horas de vuelo es altamente probable que la cultura y las organizaciones sociales difieran; quizá lo único que prevalece es que las acciones del ser humano derivan en consecuencias. Lo menciono porque aun estando tan lejos, noté que lo elemental aplica -aquí y en oriente- adaptando uno que otro detalle.
Las especies son clasificadas por semejanza. No todos los Ovíparos tienen alas, pero deben romper el cascarón; y aunque la sociedad pone en práctica distintos usos y costumbres alrededor del mundo, también desencadena patrones que producen un impacto, favorable o no, dentro de su propio entendimiento.
Todos somos indiferentes a algo, de otro modo no tendríamos la necesidad de experimentar. Nos fue necesario desplazarnos para saber que el clima cambia, debimos practicar lenguajes para ser conscientes de que no todos perciben lo mismo y adicional a ello, entender que cada duda es resuelta con base en otro tipo de lógica.
La indiferencia tiene que ver con los detalles que ignoras, pero también con lo que no te interesa. Pensando así: ser «afable» en toda ocasión, liderar a un grupo lleno de diversidad o ejercer tu libertad en territorios desconocidos, no es tarea sencilla.
Si eres indiferente y no estas involucrado, es posible que el impacto de tus acciones recaiga únicamente en ti, en cambio, si eres indiferente y estas dentro, puede ser que ese impacto afecte a otros. Esto aplica tanto para el nuevo grado escolar, como para el rol que desempeñas en el lugar que habitas.
En las últimas décadas, se han desarrollado estudios para analizar el comportamiento de quienes integran las organizaciones humanas, como las empresas; estudios que comprenden la psicología implícita, los riesgos, las ventajas competitivas, entre otros temas, que en conjunto, proyectan datos para calificar su eficiencia.
Y allá, en el círculo estrecho en el que estuve, viví en carne propia lo que pasa cuando la ambición rebasa a la inconsciencia.
- La ilusión del Iceberg: Ver para creer.

Llamado en español «tempano de hielo», un iceberg es una gran masa de hielo que se desprende de un glaciar o banquisa, se forma en regiones donde la temperatura ambiente es muy baja y flota soportado por el agua a su alrededor, exponiendo sobre la superficie del 10 al 15% de su verdadera dimensión. Tal definición es comúnmente utilizada para aclarar que aquello que se ve, no es lo único que existe.
La gente «supone» porque es parte de la naturaleza humana, imaginar y «adivinar». Lo malo, es que no son objetivos ni toman en consideración el trasfondo de las situaciones ni de los individuos; así, se desprecia lo que queda debajo del agua, como pasa con el tempano de hielo. Entonces no interesa el trabajo en conjunto, los factores humanos ni la dedicación.
Esto es negativo porque además de procrear un ambiente confuso, esconde habilidades y aptitudes potenciales que quizá solo requieren de un pequeño empujón para salir a flote.
Valorar la parte oculta e interesarse por saber lo que realmente es: aumenta la empatía; alimento vital para la motivación.
- El modelo del Queso Suizo: Ignorar lo importante.

Esta imagen muestra rebanadas de queso suizo, las cuales representan etapas de un proceso con defectos y omisiones (inconsistencias en su textura). Si se comete un error en el proceso, dichos detalles serán los puntos de riesgo que contribuyan al impacto, por lo tanto, es preciso que se tomen en cuenta. Conforme las etapas avanzan el error se agrava, dado que cada nivel (o rebanada) posee mayor sensibilidad. Por lo tanto, si los huecos en las rebanadas se alinean, ocurrirá el peor escenario.
A nivel personal y como equipo, ignorar los puntos de quiebre expone irregularidad en la gestión, abandonar lo importante o aparentar que ha sido resuelto, forma un túnel que abre camino a la falla.
Alinear fortalezas tendrá que ser el foco para disolver deficiencias, empezando desde lo más básico: entender en qué consisten las rebanadas del queso. Las rebanadas pueden ser vistas como los integrantes y como las etapas de un proceso.
- Los edificios: Falta de visión.


Dentro del esquema se muestra a un individuo de pie, sobre el suelo, mirando de frente a un montón de edificios que crecen en altura uno tras otro. El individuo mantiene la vista al frente, representando la importancia del avance y la proyección a futuro.
Lo que podría significar una buena visión, refleja realmente cuan limitado está si permanece sobre el suelo. Si detrás de algún edificio se encuentra la meta, será difícil identificarla desde abajo. Entonces, debe subir de nivel.
Al planificar las rutas que desea seguir y reconocer que no solo las puertas caben dentro de su perspectiva, es probable que con el tiempo, su panorama se expanda y perciba entonces toda una ciudad.
Esto sucede a menudo con las empresas y los gobiernos, ellos tienen el poder y obtienen remuneraciones limitadas, porque no cambian de perspectiva; opción que a futuro abre camino a la innovación, desbloquea las remuneraciones e incrementa el prestigio.
- La Casa y la Cueva.

En un proceso de construcción, existen excavadores y constructores, ninguno de los dos papeles es menos importante, se complementan; participa el grupo de los primeros después los segundos, uno por etapa. Si los excavadores no se detienen o comprenden su rol dentro de la obra, quizá permanezcan excavando hasta debilitar el suelo o toquen regiones sensibles en él; entonces, aunque los constructores se esfuercen por crear una estructura resistente, ésta permanecerá en riesgo por la falta de cimentación.
Cuando alguien decide ser parte de una organización, establece un compromiso. Si no puede o decide no tener su propia compañía, entonces decide contribuir al proyecto de alguien más. Por ello, el perfil de las personas interesa en un reclutamiento; y ya, ahí dentro, se procura establecer fronteras y responsabilidades de cada parte.
- El teléfono descompuesto.

Mala comunicación, extra o pobre, no muy clara o distorsionada, como sea, si no es funcional, genera problemas. El tiempo es valioso y limitado, así que, ocuparlo de manera inconsciente, se convierte en una falta de respeto; en una organización, hacer sin pensar, también lo es.
Cuando una persona está segura del siguiente paso que dará, proyecta su convicción. Para que esa persona actúe con seguridad y pula sus decisiones a través de lo que percibe, sin temor, requiere conocimiento y liderazgo. Si hace falta alguna de las anteriores, la estructura de la organización se rompe.
Ejemplo de una estructura poco funcional, es la «micro gestión», que significa no seguir una cadena de mando, tener comunicación excesiva o directa con integrantes de un equipo y olvidar que existe un organigrama. Abierta o discretamente, el pretexto es conseguir control al «presionar más».
Para empezar, no hay orden; después, se muestran diferentes posturas e interpretaciones como resultado; los problemas aparecen y convierten lo fácil en complejo. Quien te dirige venda tus ojos y vuelves ciego a quien podría evitarlo.

Ni el mejor plan funciona si no es ejecutado con excelencia, y no me refiero a la ausencia de fallas. La excelencia proviene de valores comprendidos, con razonamientos que difícilmente podrían doblegarse ante la incertidumbre; significa tender a ser mejor para hacerlo mejor y creer que compartir lo que enriquece tendrá un efecto positivo sobre lo demás y en los demás.
Como escribí en mi primer libro, dentro de esta atmósfera, un boomerang se comporta de acuerdo con las leyes de la física y mientras existan condiciones que permitan su vuelo, regresará a la mano de cualquier buen lanzador; pero, si el impulso es insuficiente, el boomerang solo caerá; aun si es lanzado sobre viento seco. Consérvalo.
Gracias.
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