DISTINTAS PRIORIDADES
180 días, 500 contenedores de unicel, 300 bolsas de plástico, 400 pañuelos, 150 cubrebocas, 200 toallas húmedas, 15k hojas blancas, 100 vasos de papel, 800 botellas de agua y cerca de 250 cubiertos; todo un desfile de desechables, utilizados únicamente, por mí.






En México, me acostumbre a reutilizar, reciclar y hasta producir parte de mis alimentos. Mi nivel de eco-amiga era “exagerado” para la audiencia. Los que me conocen de cerca, saben que el flujo del agua permanecía bloqueado hasta que la etapa de enjuague de trastes, dientes, entre otros, concluía. Convertí envases en tuppers, cucharas del helado a la vajilla, así como los vasos de papel y cada cáscara de piña, tuvo oportunidad de convertirse en un digestivo tepache. Además, mi foco por la limpieza y el orden, se agudizó al instante con la declaración de Pandemia.
Pues aquí, mis estimados, el estilo de vida es diferente. Continuamente, proyecto un mini avatar en la mente, el cual abre la boca hasta los pies de asombro, me esfuerzo para no levantar las cejas, mantengo mis facciones sobre un estándar de apariencia, muerdo mi lengua y por fortuna, no muestro toda la cara.
Enlisto a continuación algunas diferencias para ponerlos un poco en contexto, de lo que sucede por este lado del charco:
Comenzamos por las medidas sanitarias. Aquí los hombres se saludan con beso, más de una vez; los mismos, se toman de la mano continuamente para demostrar su estima; les cuesta muchísimo usar cubrebocas, prefieren enfrentar el contagio y valoran la medida a tal grado que si no encuentran otra herramienta para limpiar sus zapatos, lo hacen con ellos, e igual lo ocupan como borrador; comen con las manos o cubiertos desechables porque lavarlos parece algo antihigiénico; se comparten todo, comen en el piso y mientras preparan su bocado, suelen invitarte de sus manos el próximo tuyo, que deberás aceptar para evitar el insulto; usan más el pan que servilletas, toman del primer líquido que ven sin importar si pertenece a alguien, toman solo el líquido del vaso o la botella que apetecen en ese instante, el resto simplemente lo dejan o lo tiran; se lavan las manos con agua embotellada en el bote de basura, estando a menos de 30 pasos de un lavabo; no reciclan; se mojan el cuerpo con agua antes de rezar, abriendo la llave del agua por completo hasta terminar con todas las partes que deben mojar, mientras platican o terminan de quitarse alguna prenda de ropa; aman las alfombras y se quitan los zapatos para pisarlas, para entrar a su hogar; solo una vez he visto que alguien se lave los dientes; escupen bastante en el suelo, esté cubierto o no con mosaico.
En el hospital combinan al enfermo y al sano, si no te das cuenta te manchas con la sangre de alguien más sobre la camilla o te clavas una aguja sobre la mesa de análisis que llaman investigación. Hay arena por doquier, fina como talco, la cual es difícil limpiar y en tormenta sofoca; puede que la ropa la laven sin jabón, oreen su calzado por fuera de la entrada y mantengan la tetera sin lavar; es posible hallar uñas en un cajón de oficina; no se tapan la nariz al estornudar, al contrario, liberan con la trompa al frente; no lavan por fuera los tuppers, su limpieza en el hogar consiste en aspirar parcialmente y lavar el baño; desinfectan con agua las verduras, también la ropa, tiran la basura donde estén y si no hay bote, pues donde estén; hay moscas por doquier y no las matan, pueden tenerlas en la cara durante minutos y tu, enfocas para no perder el hilo de la conversación… solo imagíname, inmóvil (°_°)

También, es común encontrarte con medidas de seguridad escasas, un trabajador que ejecuta una tarea de alto riesgo sin un equipo de seguridad, como un soldador sin careta y un señor cargador en sandalias, aunque esté laborando en recintos de prestigio, porque de eso no depende la seguridad.
El suministro de recursos básicos es de baja calidad: agua, luz, gas; estiman ser eternamente limitados. Casi son asegurados por comunidad, entre los habitantes. No poseen una red eléctrica estable porque incluir energías que lo permitan, podría arriesgar a la población; la corriente se suministra a 220 V, los enchufes continuamente se queman y todo el tiempo se va la luz. El agua no es tan sana, algunos ríos están contaminados, la arena por doquier no ayuda y no existe una compañía con tal tecnología ni ductos que la distribuyan de manera adecuada. El gas, llega a los hogares por tanques; pocos conocen los diferentes tipos de extintores, no enseñan a los trabajadores primeros auxilios, he visto como barren arena de la tormenta, medio uniformados, usando una gran pipa de bomberos.
A pocos les preocupan estos detalles porque es posible vivir al fin de cuentas. Es más riesgoso pero también encuentran otras prioridades. No se habla mucho del tema y están demasiado alejados de impactos ambientales, aspectos psicológicos y prevención.
En las calles, se dice que el andar era más tranquilo cuando las relaciones, de nuevo, no importaban tanto. Pues hoy no se respeta el tránsito, el peatón no posee alguna jerarquía ni existen semáforos o limites de velocidad. Las licencias no dicen nada del conductor y el cinturón de seguridad no es obligatorio.
Existen regulaciones, algunas favorecedoras; todo en papel, tanto en la legislación como en la religión, parece lógico desde adentro, parece sano. Es evidente, porque difícilmente algo de poca calidad ingresa al territorio, recursos materiales y fuerza de trabajo, se aceptan con altos estándares mundiales. El problema es interno, lo que se mueve y cómo se mueve, lo que se genera y distribuye; las omisiones y la resolución.
Los valores son extremos, encuentras desde el más agradecido hasta el más aprovechado, desde el más alegre al super serio, desde el servicial nivel master hasta el que ve que se te caen las cosas y te apura.
La ética profesional, en definitiva no la enseñan en la escuela, se aprende en casa. Pero también es radical, desde el sumamente jerárquico hasta el que se burla de ti, sin importar quien seas, sencillamente porque le place hacerlo, porque puede.
Como les dije, convivo con varias nacionalidades y cada una tiene ciertos rasgos característicos que te vuelven más consciente, que sorprenden y decepcionan. Me he dado cuenta en esta intensa etapa de experimentación, que aquello que demerita, proviene de una deformación absurda de nuestros principios, de un desinterés asombroso en el desarrollo humano y de trágicos eventos en la historia creados por una combinación de las dos anteriores.
La guerra impacta, tan profundo, que a más de 15 años de su conclusión, el daño se siente y aún se ve. Las estructuras de la ciudad que fueron destruídas, gran cantidad siguen abajo, como escombros o sitios abandonados. Hay gente que no pudo recibir educación porque no encontró el modo o simplemente no existió el acceso. La mayoría tiene recuerdos sensibles de esa época y los recursos para poder sobrellevar la situación para muchos no fueron suficientes. Se perdieron vidas y memorias, así que por más esfuerzo que se haga, por más ímpetu que se ponga por salir adelante, hay casos en que el progreso esta realmente limitado desde el núcleo.
Sin embargo, quiero mencionar que existen historias de asombro, personas que son excelentes en lo que hacen, impecables en su forma de ser y muy astutas, en las que el verdadero tope no se halla dentro de su ser, sino en el entorno social.
La guerra trae restricciones inconscientes, cierra fronteras, tacha a todos por culpa de algunos, cambia el estilo de vida de las personas, desprende valores, infunde inseguridad y somete la visión.

Como lo mencioné al inicio de las notas, las relaciones construyen las oportunidades de la mayoría, el orgullo y los intereses gobiernan el círculo estrecho. Esta sociedad pasó de ser la cuna del mundo a uno de los lugares con peor fama. Hoy se remienda con vestigios de pureza, pero quienes tienen el poder de potenciar el cambio, tienen un desinterés impresionante por devolverle dignidad – parece conveniente aprovechar esa imagen, un perfil bajo, al saber que habitan en el ombligo del mundo- .
Entonces ¿qué esta mal? ¿qué importa? ¿algo de esto te resulta familiar?
No todas las guerras son declaradas o participan los ejércitos nacionales, algunas son temerosamente silenciosas y van provocando un letargo a otro ritmo. Así que, expuestas u ocultas, cambian la calidad de vida radicalmente por generaciones y retrasan el desarrollo de absolutamente todos los involucrados.
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