SIN DESCANSO
Creemos que la frase «eso solo sucede en este país» nos pertenece, sin embargo, la idiosincrasia no se describe con palabras, representa un compendio de creencias y acciones derivadas de los recursos con los que contamos, sobre la historia de la región a la que pertenecemos; ello, influye directamente en la evolución de nuestra sociedad y el entorno dentro del cual vivimos. Así que, parece ser que la frase aplica en donde sea.
¿Formas de ser o costumbres? Si no has estudiado absolutamente nada de sociología o historia, para este tipo de experiencias, te lo recomiendo.
Complicado discernir cuando tu recurso más valioso es el lenguaje corporal, no el habla, y aunque te griten, no conoces lo que escuchas. Aun con la mente en blanco, cada situación aquí genera múltiples reacciones de asombro, tanto, que se hace un gran esfuerzo por no abrir mucho los ojos, evitar levantar la ceja y segundos después, recordar respirar, una y otra vez. Entonces si me preguntan ¿cómo han sido los días? ¿cómo es el trabajo? ¿cómo me siento hoy? quizá les toque el momento de la inhalación o simplemente un «bien» a secas.
No somos tan agenos y desde nuestra razon, hay lógica.


En este país, todos los núcleos son familiares, no, no como los conocemos… la estructura de dicha organización dentro de esta cultura, sorprende! La riqueza no es poseída por todos, pero los núcleos son tan grandes y tan definidos, que por seguro algun miembro de la familia posee la especialidad que abre las puertas al resto, o en su defecto, define el patrón de crecimiento de la mayoría.
Para que tengan una idea, todo ciudadano conoce su arbol genealógico y el que no, se considera bastardo. Todo nacido en este lugar, tiene un nombre propio con apellidos, solo que entre esos dos términos, también lleva el nombre del padre de las tres generaciones anteriores, sin importar el género. Cada uno conoce la historia, mínimo,de los últimos 10 ancestros, sabe de que tribu es originario y también si hace 268 años alguien en el árbol marcó la diferencia. Por lo tanto, sus razgos físicos y los vínculos que generan, configuran un tipo de carta de presentación no editable.
Por ley, los locales tienen derecho a ser inversionistas, dueños de su propio negocio, una fuente de ingreso familiar, y por donde sea, encuentran como hacerlo. Sin embargo, si deciden ser dueños de una empresa, deben abrir la puerta de su rígida organización, ya que un porcentaje de ella tiene que considerar extranjeros. Parezca o no un mal necesario, los «expatriados» somos una obligación.
En fin, cuando llegas a modificar las reglas en casa de alguien más, de quién sea que estemos hablando, la rebeldía, la defensa y la negación, salen a la luz. Aun si el casero es apto, aun si no tiene la menor idea; él te da el voto, pero tú sigues siendo el visitante.
Además, estar tan lejos exhibe las discrepancias; la fama de nuestro país es igual de mala que la de este desde nuestro foco y también, existen personas que no tienen idea de donde estamos ubicamos en el mapa. Han visto novelas, series y caricaturas que, aunque no soy mucho de ver televisión tampoco me es ajena, pero en serio, en mi vida había escuchado los títulos.


Trabajo con más de cuatro nacionalidades distintas, más de cuatro religiones también; personas que hablan inglés, lo escriben, otras que sólo entienden su idioma en palabras; locales del norte, sur, este y oeste. Cualquier tipo de manejo de personal se eleva de nivel con todos los factores implícitos, se externa lo que ha faltado, se oculta lo que se teme y en múltiples ocasiones, te vuelves víctima de la necesidad.
Nosotros los foráneos, primero enviamos un curriculum vitae con todo lo que se pueda adjunto para comprobar que somos capaces de desempeñar un trabajo. Sin embargo, durante el proceso de contratación local, primero llegan las recomendaciones y casi sin lugar sobre la mesa el resumen de la educación y la experiencia; la cosa es que, gran parte de los reclutados llevan un letrero de distinción como etiqueta, no un sello de garantía. A algunos les puedes exigir, a otros sugerir y a otros, solo saludarlos.
Para ubicarlos en mi criterio, en “Mexiq” como le dicen aquí… platicar una hora durante mis labores, tardarme más de una hora al salir a comer, recibir instrucciones más de tres veces y solicitar las cosas más de dos, comenzaban mi límite de tolerancia, pero, rebasaban mi límite de comodidad.
Aquí, rezan en horarios específicos, situaciones y circunstancias, por lo menos tres veces al día, así sea: a la mitad de la reunión, de la sala o de la oficina, aunque existan lugares designados para hacerlo. Tienen descansos de por lo menos media hora, hasta cuatro veces por cada jornada laboral. Son instruidos tomando en cuenta quienes sean, no la posición que tengan. Adoran enterarse de todo, aunque no sea de su incumbencia o entendimiento, al final, encuentran uno que les acomoda. Y como broche de intocables, pase lo que pase, disfrutan una fuerte dosis de qawha (kajua) o de shay (chai), es decir, café o té.
Las visitas: dormimos, trabajamos, comemos y reiniciamos, todo, en la medida de lo posible.


Cuando estas cansado y la exigencia no cesa, comer lo que haya o mantener ordenado, quedan en la última prioridad. Nosotros sabemos que eso impacta como un reflejo, no obstante, si tienes la rara/afortunada opción de desprenderte del núcleo solo si no paras, o si te quedaste en él y parar significa que el alimento hará falta. Y, si se espera algo de ti todo el tiempo, como la honra y la responsabilidad, por aquello que te toca y no por lo que tú eliges, entonces… nunca descansas.
Maku es como suena la «falta de» y Hawái, refiere a un lindo y lejano destino de vacaciones.
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