La casa de la Princesa

Según recuerdo, las princesas viven limitadas; algunas condicionadas a permanecer dentro de un perímetro y otras, detrás de una cerradura; relativamente cerca de un mundo desconocido. En la mayoría de los casos, su situación, la deciden personas que las aman y quienes además, encuentran en ese límite seguridad, al evitar exponerlas a algun peligro. Este, solo es un escenario diferente para una princesa diferente.

En todo cuento, las princesas tienen interacción con personajes peculiares que convierten su historia en épica, en forma de villanos y protectores; astutos, lentos y zafados.

Bienvenidos a otro ‘muy lejano’ que como el primero, contiene personajes de todos los cuentos; tan similares a los famosos -que podría creerse- fueron dibujados aquí.

Vivo en un campamento dentro de un área restringida y para llegar a él, es necesario atravesar hasta 5 barreras. El área esta dividida por zonas, que a su vez requieren un permiso de ingreso. Yo suelo visitar varias al día y desde una de ellas, veo el exterior a lo lejos y soy testigo del movimiento de los visitantes. Puedo cruzar el perímetro si enfermo o tengo autorización para salir por unas horas, en compañía de la reina y nuestro cuidador, nunca sola.

El campamento se compone de casas pequeñas y campers; yo vivo en casa de la reina, quien, desde que tengo memoria, me ha llamado «princesa».

Cómo, duermo, trabajo y cuando aguanto me desvelo, invierto tiempo en escribir o solucionar algún tema remoto; esa es mi rutina.

Nos cuida un ejército de cartas, similar al de la reina roja, pero de diferente baraja. Mi trabajo es vigilar que las cartas cumplan con sus deberes, convivir con los personajes del cuento y ayudar a la reina en lo que necesite; trato de mantenerme en modo esponja y aprender de todos.

La salud de la reina es delicada, sobre todo cuando las cartas se revuelven o los personajes se alteran. Entonces mi ingenio entra en juego y genero ideas para ayudarlos a mantener un curso adecuado.

Estoy aquí por mi decisión; aunque la reina este involucrada, ella no me encerraría si sabe que me haría daño.

-El balance del lado del egoísmo, es parte del balance en sí.-

Restringir no es siempre negativo, y visto por más ojos de los que imaginas, es otro estilo de vida. Si la princesa se enfoca en el encierro será por siempre infeliz, en cambio, si aprende a dominar los recursos a su alcance, será capaz de dominar habilidades que aquellos que poseen la libertad, batallan por adquirir.

Quizá contar con un periodo de tiempo lo pueda pintar más sencillo, pero todas las princesas han tenido esa opción y también han descubierto la incertidumbre. Nadie, absolutamente nadie, conoce mejor que ellas su parte del reino, y nadie sabrá qué es lo mejor para ellas, sino quien las ama por completo.

No es sencillo para mí, tampoco para la reina. La verdad es que los valores no se miden y retroceder en el tiempo a través de una sociedad restringida, recorta el tamaño de la pantalla y modifica el concepto de cada uno de ellos.

Yo, solía decidir mi perímetro, horarios, vestimenta, el modo de dirigirme a las personas; manejar mi auto y pasear en carretera, medio que por cierto me sacó del nido; hasta, alejé a mi principe al decidir venir. Lo irónico, es que ahora me aparté de aquello que construí al salirme del nido, para saber cómo migrar.

En casa, construí un espacio agradable para descansar, pensado a futuro para la reina, con todas las amenidades posibles, un balance financiero y estabilidad emocional; por supuesto que mi plan después de adecuar el espacio no fue dejarlo solo, no hasta que ella lo decidiera ocupar.

Hoy en lo lejano, vivo en la casita asignada a la reina, quien es experta en adecuar hogares; me dió un cuarto de princesa, con más de lo que necesito; es un espacio distinto, sin embargo, es perfectamente funcional. Estamos agradecidas por acompañarnos mutuamente, por tener este espacio rodeado de arena, con historia, duelo y diversidad.

Crecí con independencia, como casi todas las princesas, aprendí como hacer amigos, defenderme y prepararme. Así que creanme, el orden de los factores, solo cambia el orden de la historia, al final, el camino seguirá siendo tuyo. Eres el responsable de cada paso que das y quedarte sin carroza, eso no quita un título como “princesa”.

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