
El año pasado renuncié a un empleo que me hacia feliz, pero al finalizar algunas jornadas laborales me pregunté ¿realmente este es el camino que quiero transitar? Así que que decidí armar un plan a largo plazo; primero, para averiguar qué me hacia pensarlo.
Consideremos que decidí conservar un asunto pendiente, de varios años atrás.
Al inicio de mi adolescencia comencé a escribir y compartir lo que escribía con personas cercanas, a veces, para darles un punto de vista previamente estructurado y otras con la intención de conocer su reacción al escucharlo. La mayoría de las ocasiones, la lectura se tornaba en una larga charla o en mayor contenido dentro del texto; compartí interesantes reflexiones que me ayudaron a superar algunos puntos de quiebre y controlar otros puntos de equilibrio. Hasta que un día, un querido amigo me preguntó ¿has pensado en publicar esto? Y desde entonces cada día, el asunto se sintió como algo que no lograba resolver.
En fin, pasaron los años, escribí por temporadas largas en forma de lo que creí que era un libro; por otras cortas, como una herramienta para ordenar mis ideas. Investigué un poco, estudié y supe que debía invertir además de tiempo y talento, dinero. Entonces, ordené mis finanzas y en la medida proporcional de mis percepciones, mi primera publicación mantuvo presente su propio fondo.
Antes de renunciar al empleo que mencioné al inicio, pensé que quizá una de las razones de sentirme «incompleta» por llamarlo de algún modo, era ese asunto pendiente. Así que, aun con éxito dentro y ganas de seguir aportando en ese medio, marqué una fecha sobre mi calendario mental, recorte mis gastos mensuales, traté de esforzarme más en el trabajo y como 7 meses después, renuncié.


Nada representa un sacrificio si otorga el resto del porcentaje. No dejé de escribir ni me dediqué por completo a hacerlo, aunque tampoco lo etiqueté como un hecho «imposible».
Despertar en el sueño me llevó una semana, una semana después de armar una pequeña bolsa resellable, sin pisar la planta y haber entregado mi compu junto con las llaves de mi querida oficina. Recibí la llamada de una editorial, que gracias a un forward de mi padre, contacté previamente a través de una red social. En tal momento pensé: «el No ya lo tengo»…
Entonces a la semana de ver películas y prácticamente no mover un dedo más que para comer o bañarme… firmé el contrato de mi primera publicación. Ese día tuve una video-conferencia, donde mi vestimenta de la mitad para abajo, fue pijama. Pero Stop! Eso no fue planeado. Retomé la escritura formal del libro casi 2 meses antes de salirme de trabajar, llegaba, me bañaba y me desvelaba hasta no poder más; pero yo no supe nada más de la editorial después de un par de mensajes, casi un año atrás, sin embargo, por una u otra razón (mi agenda la principal) no lograron contactarme justo hasta ese momento.


Un par de meses después de no parar de buscar escenarios de inspiración y construir una rutina de aislamiento y escritura, la misma me recordó que, aunque ya había organizado mis finanzas para un posible periodo de cero percepción, escribir un libro «no eran enchiladas» (mi mamá dice que son muy complicadas para usarlas en esta frase pero bueno así se dice), pues requería continuar generando dinero en paralelo. Sí ¿Cuándo y a qué hora?
- En 2019 mi madre, quien ha dedicado más de 35 años de vida a la Aviación, viajó para trabajar en el aeropuerto de una ciudad sagrada en Iraq llamada Najaf.
- El año pasado tuvo 2 cirugías y mientras terminaba «Con todo lo que eres» se contagió de Coronavirus.
- Resumo su perfil: ama los aviones, descansa poco, su salud es y fue un tema.
- Siempre me ha repetido que es inmortal y lo sé. También sé que es mi mejor amiga.
Después de varias páginas, currículos sin respuesta, ofertas de empleo poco convincentes, búsqueda de becas de posgrado, cambio de hábitos y algunos eventos desafortunados, mi madre me ofreció empleo. Mandé mis papeles, seguí escribiendo y pedí a Dios que hiciera lo que sabía con los tiempos. Dos canas después y como tres meses de incertidumbre en el trámite por la Pandemia y «El Arbain». Me mandó una foto con la visa, compre mi boleto y ahora, estoy aquí.

